• PERIODICO EL TREN

Sueños sin límites por Santiago Figueroa

Sueños sin límites

Por Santiago Figueroa (12)

Había una vez, una mujer llamada Teresa, que vivía en una ciudad pequeña. Ella, como todas las mujeres de la ciudad, tenía problemas, y cosas que la preocupaban, pero también, tenía sueños y aspiraciones que quería cumplir.

Uno de esos sueños era educar, darle a los niños una oportunidad de aprender mediante el proceso de las artes y la creatividad. Así que lo platicó con su hija y decidió fundar un taller infantil. Llamado “MI TALLER”. En este pequeño lugar los niños más pequeños tendrían la opción de asistir a talleres de arte, para así ir desarrollando poco a poco su creatividad.

Y así fue, por un par de años… Porque después, se dieron cuenta que necesitaban un lugar más grande, ya no había espacio suficiente para tantos niños, y ya venía siendo hora que el proyecto inicial de Teresa empezara a hacerse más grande. Pero pocos creían que iba a ser tan grande, tan grande que los padres de los pequeños propusieron continuar ahí su ciclo de primaria.

Pero Teresa no sabía cómo, ella en un inicio solo pensó en un pequeño taller, y ya el sitio se estaba empezando a hacer más y más grande, tan grande como la duda que resonaba una y otra vez en su cabeza… “¿Será que puedo convertir mi pequeño taller en un colegio? ¿Con grados, egresados, y todo eso?” Pues después de pensarlo un tiempo, de hablar con cualquier persona que la quisiera escuchar, y de preguntarse a sí misma todas las preguntas existentes, Teresa decide. Decide que ya un taller no es suficiente, que ese taller podría ser un gran colegio y que ahora, necesitará más personas para continuar su aventura.

Pero, cuando Teresa creía que por fin sus dudas se resolvieron, llegó una casi tan grande como la anterior…

¡MI TALLER no es un nombre de colegio!

Y entonces, lo siguiente que le quitaba el sueño a Teresa no era la duda, o la incertidumbre, lo que no la estaba dejando dormir era que lo tenía ya todo planeado, pero le hacía falta un nombre. Así que volvió donde cada una de las personas que conocía, y en una de esas visitas, a su cabeza llegó la mejor idea que había tenido. LICEO TALLER SAN MIGUEL.

Era perfecto, Liceo ya era nombre de colegio, y además, Taller para no perder sus raíces, las raíces del arte, los valores y la creatividad. Ese nombre lo tenía todo. Así es como poco se fueron creando nuevos y nuevos grados, hasta que hace 11 años, por primera vez, llegó un joven a una universidad, diciendo:

YO ME GRADUÉ DEL LICEO TALLER SAN MIGUEL.

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